Y sólo estaba él

La desesperanza

El bosque de la desesperanza había ido invadiendo el camino. Nadie de su alrededor se dio cuenta, ni sabían que aquel camino cada vez era más estrecho. Creo que ni siquiera él era consciente de lo que estaba pasando.

El dolor indescriptible, guardado como un secreto, junto al esfuerzo de que nadie conociera su gran sufrimiento.

Y ante ese enorme pesar y la percepción de que nadie le entendiera, sólo estaba él.

Cada momento se fue haciendo más difícil, como una carga pesada, que fue agotando la mente y el cuerpo, el miedo y la angustia fueron cogiendo más espacio. El camino se fue cerrando sigilosamente.

No sé cuánto tiempo fue necesario para oscurecer el horizonte, pero aquella sombra fue invadiendo y tapando la ilusión y la alegría.

Y ante tanto desconcierto interno, en su soledad, sólo estaba él.

Sus ojos grandes, luminosos, y su boca siempre dibujando una sonrisa. Como el rayo de sol que se abre paso entre las nubes. Nada hacía pensar que la desesperanza estuviera tan cerca. Como una mala hierba que va creciendo, invadiendo los rincones, trepando en silencio. Apoderándose de su cansancio y de su miedo.

Y ante aquel abismo, sólo estaba él.

Poco a poco aquel enemigo que se sumergía en su interior fue ocultando el brillo del sol. Deshojó los sueños, como el otoño deshoja las ramas de un árbol. Fue tapando los buenos recuerdos, como la niebla que ciega y oculta un paisaje. Sin hacer ruido, como un ladrón se fue llevando la esperanza.

Y en aquel vacío inmenso, sólo estaba él.

Todos a su alrededor parecíamos dormidos, inmersos en seguir con la vida, sin apreciar que la desesperanza cada vez estaba más cerca. Cómo se reconoce la desesperanza, me pregunto, si su raíz es invisible a los ojos ajenos.

Pero allí estaba ella, como el felino que vigila a su presa, esperando el momento.

Y ante aquel peligro inminente, sólo estaba él.

La desesperanza cerró aquel camino donde la luz se ocultó del todo. El miedo, la angustia, se hicieron más constantes. La tristeza, disfrazada de tantos contextos como ella tiene, abrió sus alas. La soledad inundó todo aquello.

El dolor y el tormento afilaron sus hojas y sacaron su espada.

Y ante tantos sentimientos encontrados, abatido, llegó el desconcierto, y sólo estaba él.

Llego el fin de la última batalla.

Allí yacía el cuerpo inmóvil del ser más querido de mi vida. Como una flor recién arrancada de su tallo.

Su vida apagada y rota. Había emprendido un viaje lejos de nosotros.

La desesperanza se hizo totalmente presente.

Y sólo estaba él.

Madre de Alex.

V.S.R. (VG&PK)

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